Ese momento en el que él tiene ganas de abandonarme, cuando duda de todos sus sentimientos y tira todo el amor que siento por la borda, es exactamente cuando mi vida pierde todo su valor. El que sólo él le atribuyó.
Pone en riesgo absolutamente todo, mis sonrisas, mi sanidad y cordura, las mejores tardes de invierno, los besos más dulces, los domingos con menos depresión, los miércoles felices, cada 'Buen día' de las mañanas en las que se despierta a mi lado, entre miles de detalles que hacen que mi vida tenga color.
Por más que escriba miles de poemas, miles de líneas en las que relate mi dolor e intente desahogarme de tantas lágrimas, nunca vas a entender lo que siente estar dentro mío, por suerte. Dudo soportar verte sufrir de esa manera.
Daría absolutamente todo por lograr que entienda la falta que me hace cuando lo tengo lejos. No poder hablarle, olerlo, besarlo, me molesta. Todavía no sé bien por qué.
Y esos recuerdos que se cruzan como un flash por mi cabeza son las millones noches que me dormí llorando por no ser digna de su amor, tirada en una esquina de la cama, rodeando mis piernas con los brazos cual bebé, recordando el calor de sus abrazos y la dulzura de las palabras que hoy me hacen tanta falta. Estaba enamorada de él, no solo de la forma en la que me hacía sentir cuando de a poco acercaba su boca a la mía o cuando me abrazaba al estar muerta de frío y su calor penetraba en toda mi pálida piel, también me enamoraba sufrirlo tanto. Me inspiraba miles de palabras tan hermosas como dolorosas.
Todo lo que sentía en ese momento era nuevo y especial (Aún lo es). Era el único que me prestaba atención y me hacía sentir esa seguridad que anhelaba hace años y años, el primero con el que me había imaginado teniendo una familia y el mismo que hoy me dice que por momentos ya no me ama.
¿Cómo hago para no culparme a mí misma de no cuidarlo? O simplemente, de no hacerlo feliz. Por más que haya dado absolutamente todo por él, ya no es suficiente... Pero mis sentimientos siempre fueron los mismos, desde ese momento en el que me besó debajo de la lluvia (Y tristemente, él no lo recuerda) hasta el último beso que le vaya a dar en mi vida, sólo cambia el tiempo. Ese mismo que le esta robando la paciencia. Pero no puedo culparlo.
Lloré noches enteras por tenerlo lejos mío, en todos los sentidos posibles. Pero aún así todavía tenía algo de esperanza que me fortalecía. Hoy lo sigo llorando, pero con la diferencia que sólo tengo miedo, miedo a perderlo.
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